Moiré


Se puede tener, en lo
más profundo del alma,
un corazón cálido y sin
embargo, puede ser que
nadie acuda a él.
Vincent Van Gogh.


El encierro de mi penitencia… ha logrado por fin callarme. Las mareas de mi cuerpo. El aislamiento al que me sometí, logró nublar mi mente. ¿O es que ya no siento nada? Me hurgo, me pienso, temo no tener nada que decir. ¿Estaré vacía? Quisiera mirar a través del mundo. O quizás perderme en el mundo. Sé que no puedo estar lejos. Me siento ajena y en el lugar equivocado. Desilusión. Me escapé de mí, de mi fuente, de mi origen, elemento fundamental del pensamiento. ¿Así continuaré? Los fluidos de mi cuerpo. De cuando en cuando, me acostumbro a mis emociones, y soy incapaz de expresarlos. Debo hurgar muy dentro para encontrarlos. Al pasar tanto tiempo con mis emociones dejan de ser extrañas, y comienzan a ser normales. Hay que hacer un esfuerzo, para encontrar el germen. Me dicen que sacarlas es saludable. Llorar hace falta, pero a veces, la continuidad de la vida nos impide hacerlo. Yo a veces me siento muy sola, a pesar de estar asediada. Yo a veces no me encuentro. Hay que escarbar, tambalear todo aquello. Hay que prestarle atención a los pensamientos. A ratos pensar en blanco. Busco sintonizarme, con mi estación preferida, no siempre es fácil, por momentos se siente la estática. Voy a salir. Me volveré fuente. Salpicaré a los más alejados, empaparé a los vecinos. Moveré todo aquello que no permita que salga la luz, que no entre. Me subiré a un banco y tocaré la flauta. Sentiré el viento y contaré las flores. Agotaré la tristeza.

2 comentarios:

Guantes De Lana dijo...

yo tampoco a veces me encuentro, que lindo texto, esa reflexion sobre uno mismo frente a uno mismo y encontrarle la vuelta a la angustia existencial.
Hermoso texto como siempre
besos totales

Fede dijo...

Muy bueno el texto, me gusto el blog, buenas palabras!
Un saludo!